24 de abril de 2009

De que se puede se puede


Entonces ella me dijo: - ¿Y eso se puede?

Y yo le respondí, con un tono de voz sereno y confiado: - Claro, todo se puede; y continué: - Bueno, todo lo que se puede se puede, y eso se puede.

Hice una pausa para contemplar su cara de asombro e incredulidad ante tan sabias palabras y proseguí, porque pocas veces uno se encuentra con alguien que esté dispuesto a escucharte con tanta atención:

- Es decir, todo lo que se puede se puede, menos lo que no se puede. Y casi todo lo que no se puede, de alguna forma se puede. A menos que no se pueda, entonces sería inevitable, siempre y cuando no lo puedas evitar. Pero, lamentablemente, en la mayoría de las ocasiones es evitable, entonces, incluso cuando es inevitable pero se puede evitar, también se puede. ¿Me explico?

En ese instante, puedo decir, estaba en mi mejor momento. Las palabras fluían desde mi cerebro hasta mis cuerdas vocales como el agua en una tubería que no está tapada ni mucho menos, y salían con una armonía pocas veces vista y, más aún, escuchada. Ella, con la vista fija en lo que yo decía, parecía la estudiante de una clase magistral, de esas en las que uno poco entiende pero sabe que lo que se intenta enseñar es de una importancia trascendental, y no es posible apartar el oído.

- Las únicas cosas que no se pueden son las que inevitablemente no se pueden y de ninguna manera lo puedes evitar. Como cuando viene un tren y tú estás en las mismas vías que él; es inevitable a menos que lo evites, pero a veces ni siquiera lo puedes evitar y sucede lo inevitable. Entonces, en ese caso, o no se puede o no vas a poder más porque no lo pudiste evitar. Es un ejemplo sencillo pero, a la vez, muy bien ilustrado y me ayuda a concluir.

Hábilmente había sabido llevar la conversación hasta un punto cumbre desde el cual era necesario descender. Debía llevar su atención hacia el tema que nos ocupaba evitando movimientos bruscos del discurso o pausas innecesarias que pudieran derrumbar su mirada curiosa y asombrada, ya que eso podía haber terminado en un desmayo mental de su parte. Así como cuando subo la montaña pero corriendo y sin querer, y llego arriba sin más aliento que el que dejé en el camino y con un temblor en las piernas que si me detengo me caigo.

- Eso que quieres hacer, obviamente, se puede. Sin duda alguna, a menos que lo dudes. Porque si volvemos al inicio, sin pensarlo, nos podemos dar cuenta de que, incluso si no se pudiera, es inevitable sin posibilidad de evitarlo. Y puedes, así no lo quieras, porque las cosas que son inevitables y se pueden, se pueden sin lugar a dudas.

- ¿Alguna otra pregunta?; le dije.

Giorgio Saturno

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