27 de agosto de 2007
19 de agosto de 2007
El descanso
-Mira!, allá va Santa!, dijo, estirando su brazo y apuntando con su dedo índice hacia el cielo oscuro y nublado, en una fría noche de invierno, de la primera navidad que puedo recordar.
A tan corta edad, los eventos que pude retener en mi mente, como recuerdos eternos, fueron aquellos que causaron en mí una gran impresión. París en diciembre era una ciudad nueva y desconocida; el frío que salía como nubes blancas de mi boca, la nieve que decoraba los techos en las entradas de los edificios y tiendas, los árboles llenos de luces amarillas titilantes, las personas con bufandas de colores paseando por la acera y las inmensas vitrinas llenas de juguetes: una gran jirafa de lego, y un elefante y un tren que iba y venía y Santa que pasaba volando por encima de mi cabeza.
Desde abajo todo parecía muy grande. Miré hacia arriba lo más rápido que pude con la esperanza de verlo entre las copas de los árboles y entre las nubes, vestido de rojo y blanco, con una gran bolsa de regalos, varios de los cuales eran para mí, otros para mi hermano y otros para mi hermana.
-Allá!, en su trineo!. ¿No lo viste?, continuó. -Sí, dije asintiendo. Aunque no había sido así.
Durante largo rato mantuve la mirada fija en el infinito, buscándolo y deseando que volviera a aparecer. Pensé que si San Nicolás estaba repartiendo regalos en las casas cercanas, posiblemente volaría nuevamente por encima de nuestras cabezas y la próxima vez no me lo iba a perder.
Finalmente, no regresó, o por lo menos no mientras yo estaba despierto. Pasamos la noche en una casa en las afueras de la ciudad. Una de esas casas que yo no sabía que existían de verdad, casi toda de madera, con unas escaleras de madera que tenían un descanso a la mitad, con agujeros en la parte baja de las paredes para que los ratones pudieran entrar y salir.
Cenamos y nos acostamos a dormir, mi hermana, mi hermano y yo, en la misma habitación.
Cuando desperté, la mañana siguiente, mi hermana ya había abierto varios de sus regalos. Uno de ellos creo que era un gallo muy lindo, todos los demás tenían una tarjeta con su nombre. Santa nos había olvidado a mi hermano y a mí, tal vez porque no lo habíamos saludado cuando voló sobre nuestras cabezas la noche anterior. Era la primera navidad que recuerdo y no había ni un regalo para mí.
Seguí observando como mi hermana abría emocionada sus regalos, hasta que mi mamá entró en la habitación y exclamó: -Vayan a abrir los regalos que les trajo San Nicolás! Están en las escaleras!.
Tan rápido como pudimos corrimos hasta las escaleras, bajamos de dos saltos y encontramos los regalos. Santa no nos había olvidado, estaban ahí los regalos, esperándonos en el descanso.
Giorgio
16 de agosto de 2007
La quinta vuelta

No fue sino hasta el quinto de mis viajes alrededor del mundo cuando logré percatarme de un fenómeno que, estoy casi seguro, cambiará el rumbo de la humanidad y la obligará a considerar perspectivas alternativas a su manera de ver las cosas, y que, todavía después de otros siete viajes, ocupa cerca de la totalidad de mi tiempo reflexivo.
No debe equivocarse el lector pensando que cualquiera hubiese podido llegar a las mismas conclusiones que he alcanzado yo en mis excursiones planetarias. Las hazañas de Phileas Fogg y Passepartout han demostrado que dar la vuelta al mundo no es tan fácil como parece, mucho menos hacer hallazgos que sólo quien no suele entender lo obvio es capaz de hacer.
Es el descubrimiento más grande que se haya hecho desde que Erastótenes, hacia el siglo III adC, calculara que la Tierra es esférica; desde que Pitágoras, tres siglos después, fuera la primera persona en defender tal idea; y desde que Wikipedia, transcurridos sólo 21 siglos ddC, lo publicara en Internet.
El mundo está dejando de ser redondo y es, en cada nuevo día, más cuadrado que en el día anterior. Ángulos rectos y muros planos nos rodean. Sin importar en qué dirección estés mirando, es muy probable que te encuentres más de una forma cuadriculada. No será difícil entonces, después esta ilustrada introducción, deducir lo que mi mente ha mantenido en secreto por ya demasiado tiempo: "El mundo es hoy más cuadrado que redondo”© (Todos los derechos reservados).
No es el momento para perder los estribos o iniciar la histeria colectiva y destruir las escuelas de astronomía o quemar los libros que intentan defender la idea obsoleta del mundo redondo. Es el momento para voltear la mirada hacia adentro y pensar en cómo hemos contribuido individualmente con este cambio global de geometría. El momento es ahora y la decisión es tuya.
Giorgio
P.D.: si quieres contribuir a recuperar el mundo que estamos perdiendo, entra en http://saturno.un-clic-por-el-bosque.com/ y haz tu aporte.
No debe equivocarse el lector pensando que cualquiera hubiese podido llegar a las mismas conclusiones que he alcanzado yo en mis excursiones planetarias. Las hazañas de Phileas Fogg y Passepartout han demostrado que dar la vuelta al mundo no es tan fácil como parece, mucho menos hacer hallazgos que sólo quien no suele entender lo obvio es capaz de hacer.
Es el descubrimiento más grande que se haya hecho desde que Erastótenes, hacia el siglo III adC, calculara que la Tierra es esférica; desde que Pitágoras, tres siglos después, fuera la primera persona en defender tal idea; y desde que Wikipedia, transcurridos sólo 21 siglos ddC, lo publicara en Internet.
El mundo está dejando de ser redondo y es, en cada nuevo día, más cuadrado que en el día anterior. Ángulos rectos y muros planos nos rodean. Sin importar en qué dirección estés mirando, es muy probable que te encuentres más de una forma cuadriculada. No será difícil entonces, después esta ilustrada introducción, deducir lo que mi mente ha mantenido en secreto por ya demasiado tiempo: "El mundo es hoy más cuadrado que redondo”© (Todos los derechos reservados).
No es el momento para perder los estribos o iniciar la histeria colectiva y destruir las escuelas de astronomía o quemar los libros que intentan defender la idea obsoleta del mundo redondo. Es el momento para voltear la mirada hacia adentro y pensar en cómo hemos contribuido individualmente con este cambio global de geometría. El momento es ahora y la decisión es tuya.
Giorgio
P.D.: si quieres contribuir a recuperar el mundo que estamos perdiendo, entra en http://saturno.un-clic-por-el-bosque.com/ y haz tu aporte.
13 de agosto de 2007
Nueva encuesta
Coloqué una nueva encuesta en la barra lateral del blog. Los invito a responderla y a darme su opinión sobre el nuevo nombre de mi blog.
Saludos,
Giorgio
Saludos,
Giorgio
12 de agosto de 2007
Cambiando
6 de agosto de 2007
Cosas que no sé si entiendo
- El infinito positivo
- Lo que no sé que existe
- El infinito negativo
- Nada
- Lo transparente del agua
- El espacio entre las cosas
- La música sin volumen
- La inmortalidad del cangrejo
- Cómo ves el mundo
- La inteligencia
- Las cosas sin sentido
Necesario es equivocarse

Un día, hace más o menos 3 años, Santiago me preguntó: - ¿Las personas aprenden de sus equivocaciones? - Sí, la mayoría de las personas aprenden de sus errores; le respondí. Y él dijo: - Entonces la vida está hecha para equivocarse y aprender de las equivocaciones, porque si la vida está hecha para aprender y cuando te equivocas aprendes, entonces la vida es para equivocarse.
Giorgio
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