18 de diciembre de 2006

La culpa no es de la abeja


Es una de varias fotografías que tomé a esta abeja. Para los que se estén preguntando cómo hice para tomarla, les puedo decir que, por increíble que parezca, la abeja no estaba posando para mí. Así fue como sucedió:

Estaba volando de una flor a otra buscando polen (ella, no yo), sin prestarle la más mínima atención a la cámara o a mí, mientras yo la perseguía con la intención de capturar una imagen de ésta en pleno vuelo.

En uno de sus viajes de vuelta al panal, como si quisiera mostrarme el preciado fruto de su trabajo, voló frente al lente de la cámara y, en un instante en el que el tiempo pareció detenerse, presioné el botón e inmortalicé el momento.

Luego de tomar la foto y publicarla en el aclamado libro “Una Visión del Mundo” de Giorgio Saturno –nótese que he dicho el aclamado libro y no los aclamados libros, con la intención de dejar claro que hay un solo libro y lo tengo yo-, la comunidad internacional ha retomado el tema del momento fotográfico o momento decisivo.

Como el lector debe recordar, desde que el célebre fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson (1908-2004) se empeñó en atrapar el instante decisivo en sus images a la sauvette y hasta la invención de la cámara digital, se discutió arduamente sobre los factores que determinan el mejor momento para capturar una imagen con una cámara fotográfica.

La llegada de la tecnología digital sirvió como excusa para terminar tan acalorada discusión y abrió el camino para que los detractores de dicho “momento fotográfico” decretaran su muerte.

Esta inocente abeja, que no hacía otra cosa que trabajar sin más preocupaciones que la cantidad de polen que podía y necesitaba llevar, ha rescatado el asunto del abandono.

La comunidad internacional se debate, en estos mismos instantes, entre el momento decisivo y la pura y simple suerte del fotógrafo. Unos dicen: ¡Es cuestión de paciencia, esperar el instante oportuno y saber a donde mirar!; otros: ¡Es sólo suerte, nada más que eso! ¡y una buena cámara!.

Los argumentos continúan emergiendo de lado y lado, ¿quién tendrá la razón? es difícil saberlo. En mi opinión, ambos la tienen. El éxito y la suerte van casi siempre juntos.

Giorgio Saturno

1 de diciembre de 2006

Ideas para un premio Nobel

Enrredadera EnrredadaHe estado pensando, entre muchas otras cosas trascendentales, que el fin de semana tiene muy pocos días y que las noches tienen muy pocas horas, y que no estaría mal agregar un día adicional al fin de semana y un par de horas más a la noche.

Seguramente, quien lea esto dirá: - Este tipo si es inteligente; cómo no se me había ocurrido eso antes!. Pero quien haga tal comentario habrá dejado de percatarse de uno o varios detalles importantes. El primero de ellos le resta sentido a la afirmación que ha planteado el lector y resalta la estupidez implícita en mi pensamiento. Me explico; la propuesta de añadir un día adicional a la semana y varias horas a la noche es estúpida si se coloca al lado de dos verdaderos dilemas que deben resolverse a priori: qué nombre ponerle al día adicional y qué hacer con todos los relojes del mundo que sólo marcan doce horas en la noche.

Es la solución de estos dilemas lo que puede convertir una simple idea inicial en una genialidad, y he aquí dos nuevos planteamientos que no hacen más que respaldar la afirmación hecha por el lector acerca de la inteligencia del escritor.

Quien no desee leer mis razonamientos por miedo a sesgar el proceso creativo propio, puede detener la lectura en este punto. Serán siempre bienvenidas soluciones alternativas a las que yo estoy por proponer.

Con respecto al asunto sobre el nombre para el día adicional, he seguido una línea de pensamiento que me ha llevado a un final inesperado.

Es de conocimiento general que todas las semanas tienen siete días continuos contados desde el primero hasta el séptimo día, conocidos como lunes y domingo respectivamente. A menos que se decida que el domingo es el primer día de la semana, en cuyo caso el problema se complicaría en tal magnitud que sería imposible resolverlo, partiremos del supuesto de que todas las semanas comienzan los días lunes.

Los nombres de los días de la semana provienen de siete objetos celestiales que se mueven en el cielo: Lunes por Luna, Martes por Marte, Miércoles por Mercurio, Jueves por Júpiter, Viernes por Venus, Sábado por Saturno y Domingo por el Sol. Por consiguiente, un tercer día para el fin de semana debería respetar estos antecedentes y obtener su nombre de algún otro objeto celestial; como por ejemplo Urano y llamarse, por razones obvias, Uranes, Uringo o Urábado.

Resuelto el primer dilema, queda el tema de los relojes. Este segundo gran dilema me ha exigido algo más de tiempo y esfuerzo mental que el primero. Sin embargo, la solución ha llegado a mi, sin yo buscarla, un día en el que mi reloj de bolsillo se detuvo justo a las cuatro de la tarde. Dicho esto, me imagino que el lector ya conocerá el desenlace. Deberá ser responsabilidad de cada quien retrasar su reloj dos horas todos los días a las seis de la tarde, si no, dormirán menos quienes no lo hagan que aquellos que sí lo hagan. Estoy seguro de que los suizos o los japoneses encontrarán un mecanismo moderno para automatizar esta actividad que resultará ser tanto cotidiana como rutinaria.

Ahora es tarea de la humanidad llevar estas iniciativas a los organismos elevados con el fin de dar inicio a una nueva etapa en la historia contemporánea del mundo. Una etapa de cambios en los viejos paradigmas y de mejores y más provechosos estilos de vida.

Y es así como me despido, no sin antes invitar a todo el que quiera adquirir conocimientos innovadores a visitar nuevamente este blog. En próximas entregas se profundizará en algunas ideas que ya rondan mi cabeza, entre ellas, cerrar las fronteras de la ciudad en temporadas altas, una vez que la gente haya salido a vacacionar, para disminuir el tráfico en temporadas bajas.

Giorgio

29 de noviembre de 2006

Empezando mi blog...

Todavía no estoy seguro de cuál va a ser el tema de este blog. Supongo que por ahora será un lugar para escribir ideas y peLa Ventanansamientos, y mostrar lo que estoy haciendo a quien lo quiera ver.

La idea de comenzar un blog propio ha estado en mi cabeza desde hace algún tiempo, pero no había creado uno pensando en el esfuerzo y el tiempo que hay que dedicarle para hacer uno realmente bueno. Sin embargo, como todo requiere esfuerzo y tiempo y nada empieza hasta que empieza, decidí comenzar hoy y no pasar otro día dejándolo para mañana.

Esta es otra ventana a mi visión del mundo. Así comienza mi blog, espero que vaya mejorando y creciendo cada día, espero disfrutar haciéndolo y espero sus comentarios.

Saludos,

Giorgio

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