24 de septiembre de 2007

Único e irrepetible

¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que te escribí?

En tiempo de calendario han transcurrido muchos días. Pero mi calendario sólo cuenta las veces que este lado de la Tierra, donde yo estoy, le ha dado la espalda al sol. El tiempo en el que transcurre mi vida no es el mismo, así como tampoco es el mismo tiempo el que recorre tu vida.

Tantas o más variaciones hay de tiempos como de vidas y como de personas que viven, que han vivido y que vivirán. No sé cuántas han existido durante la historia humana, pero sí sé que ninguna ha sido exactamente igual a otra y nunca dos personas han tenido la misma vida. Así es en este mundo.

Todos los relojes modernos marcan los mismos ritmos, segundos, minutos, horas y días, semanas, meses, años y décadas. Pero el reloj de mi vida no es el mismo que el reloj que utilizo para llegar a tiempo o llegar tarde. El ritmo con el que yo vivo es distinto. Así como tu eres una persona única en el mundo, no hay otro ritmo como el tuyo, otro tiempo como el tuyo, como el de tu vida.

Para mí, te escribo en el momento justo, porque yo siempre estoy a tiempo, en mi tiempo. Me hubiese sido imposible escribirte antes porque en mi tiempo, a mi ritmo, no existe ni antes ni después. Sólo existe ahora.

¿Cuánto tiempo me tomó llegar al lugar donde hoy estoy?, sólo el tiempo que necesitaba. Solamente me tomó el tiempo que mi vida necesitaba para llegar, y llegué a tiempo, antes no hubiera podido.

Y así es para todo, hoy estoy aquí porque aquí tengo que estar para llegar a tiempo a donde voy, a mi ritmo y en mi tiempo, único e irrepetible.

Giorgio

4 de septiembre de 2007

Tu regalo

estrelladasCompré una varita mágica, porque me dijeron que con ella podría tener lo que quisiera con sólo pedirlo: una rosa, un palacio, una estrella, un mundo paralelo o una historia sin fin. Lo único que debía hacer antes era aprender a usarla, - “porque las varitas mágicas no funcionan si no conocemos la forma correcta de pedir las cosas” me advirtió el vendedor.

-Yo conozco la forma correcta de pedir las cosas; pensé. -Siempre me han dicho que para tener lo que yo quiera debo desearlo realmente, y con esta nueva varita será más fácil. Además, ya me leí todos los libros de Harry Potter, algunos hasta dos veces.

La nueva varita mágica es de madera oscura y pulida, tiene un olor parecido al de las almendras, con un toque de eucalipto y otro de naranja, mide casi 30 cm de largo, tiene las ondulaciones naturales de la rama de un árbol e inscripciones talladas en la parte baja, "Wandmaker, Co. MADE IN JAPAN". A pesar del precio preferí comprar una importada para asegurar que fuera de buena calidad. Los japoneses tienen fama de hacer equipos electrónicos muy buenos, seguro son igual de buenos haciendo varitas mágicas.

El vendedor me dijo que si quería grabarle mi nombre debía pagar un recargo y volver para retirarla en una semana, pero yo soy más inteligente que él. Una vez tenga la varita puedo conjurar un hechizo para grabar cualquier nombre, gratis e instantáneo, que tonto este vendedor. –Me la llevo ya mismo, le dije, muchas gracias, es para un regalo.

-¿Quiere papel de regalo?, otra estúpida pregunta que respondí con una sonrisa y me fui.

Para probarla intenté conjurar algo fácil, un Ferrari. -No puedo regalar una varita que no sirve, reflexioné desinteresadamente. Me imaginé conduciendo mi Ferrari rojo por una infinita carretera que bordea el mar, con la brisa fresca y salada golpeando mis lentes oscuros, y el aroma de las olas estrellándose estrepitosamente contra el malecón; y exclamé: -¡Un Ferrari rojo!, mientras hacía un movimiento circular con la varita. Pero nada sucedió. -Que extraño, pensé, es japonesa y realmente quiero un Ferrari... ¿Dónde estará el botón de encendido?

Por supuesto que las varitas mágicas no necesitan botón de encendido, ya lo sabía. Sólo la persona que será su verdadera dueña tiene el poder para obtener lo que quiera de esta varita. -Tendré que ahorrar un poco más y comprar una para mí.

-No obstante, volveré a intentarlo mientras camino a su casa. Pensando en algo menos ambicioso, cerré los ojos para alcanzar una mayor concentración, como la de los monjes tibetanos, y volví a exclamar enérgicamente: -¡Una casa en la playa!, ¡un avión!, ¡un árbol de billetes!; nada sucedió. Y seguí: -¡Una rosa!, ¡un palacio!, ¡una estrella!, ¡un mundo paralelo!, ¡una historia sin fin!... ¡una nube!. Abrí los ojos, -¡UNA NUBE... SÍ FUNCIONA!

-Toma, esta varita mágica es un regalo para ti...

Giorgio

Busca en Life on Saturno