14 de diciembre de 2007

Delirios de grandeza

Últimamente he notado, más que nunca, cómo lo que sucede y está a mi alrededor es producto de mi imaginación. No estoy loco, creo haberlo mencionado antes.

Sólo ahora he alcanzado un estado de consciencia que me permite pensar más rápido que mi cerebro, y hacer deducciones que antes estaban fuera de mi alcance. Es decir, puedo pensar en las cosas antes de imaginarlas y, por lo tanto, lo que hago y digo se adelanta a lo que sucede en la realidad. Tal cual un deja vu inverso.

Desde que era muy pequeño esa ha sido una de mis teorías sobre el mundo, y creo tener evidencias que podrían probarlo. Por ahora, sólo mencionaré algunas que, a mi parecer, serán suficientes para incentivar la meditación por parte del lector:

1ero) Mi apellido es Saturno. A simple vista, esto podría no tener significado para muchos, sobre todo para aquellos que no han aceptado que son parte de mi imaginación. Sin embargo, sólo es necesario resaltar dos elementos; el primero y más importante: existe un planeta en nuestro mismo sistema solar -no en otro sistema solar ni en otra galaxia- que lleva mi nombre, extraña coincidencia, o tal vez no. Y el segundo: el planeta regente de mi signo zodiacal -quién lo iba a imaginar- es Saturno. Sólo a mí se me podrían ocurrir estos disparates.

2do) Yo me caigo muy bien, es decir, soy una persona con quien me gusta estar. Por supuesto, si me estoy imaginando a mi mismo, no puede ser de otra manera. Y, como si eso no fuera suficiente, todos mis amigos me caen bien. Sé que es algo difícil de imaginar, pero yo lo he hecho.

3ero) Todas las personas que conozco son seres humanos. Es lógico que así sea dado que nunca he visto una persona que no sea ser humano, y como todo lo que imagino es un reflejo de lo que veo, entonces todas las personas que imagino son seres humanos. Alguien preguntará: si todo lo que imaginas es un reflejo de lo que ves, y todo lo que ves es producto de tu imaginación, ¿cómo es que estás imaginando personas que sólamente has visto porque tu imaginación las ha creado?. Es el cuento del huevo y la gallina y nadie tiene una respuesta conclusiva sobre este tema, menos aún mi imaginación o mi lento cerebro.

Desde que aprendí a imaginar no he podido dejar de hacerlo, por más que lo intento. Tampoco es algo que tenga intención de dejar de hacer mientras mi existencia dependa de ello, y la única forma de comprobar, de manera definitiva, esta teoría, es dejando de imaginar, lo cual significaría que el mundo dejaría de existir, y la prueba ya no tendría ninguna utilidad ni sentido. Así que lo único que te pediré es que tengas fé en lo que digo, ya que la fé es sólo para aquello que no es posible comprobar.

Por último te diré, querido lector, que no has de temer, ya que no desaparecerás mientras este blog siga existiendo y tu continues leyendo.

Giorgio

29 de noviembre de 2007

Quien soy y quien fui


¿Qué tan responsable soy por lo que vivo, por lo que sucede a mi alrededor, por la vida que me ha tocado vivir y por todo aquello que la afecta y la hace cambiar? Soy responsable, fue mi decisión, y mi vida es lo que yo hago de ella, esa es mi decisión.

A pesar de todo lo que me faltó o me falta, no podría ser quien soy si hubiese tenido más de lo que tuve o tengo, o menos. Entonces, nada me faltó y nada me falta, porque soy quien soy. Las cosas que quiero, todo aquello que busco y lo que logro encontrar, todo eso me hace cambiar, todo eso cambia quien soy. Cuando escribo esto, cuando hablo contigo, cuando te escucho, cuando te veo, cambio. Y me gusta.

Mis percepciones cambian cada día y cada noche. Ayer me hiciste reir y aprendí algo de ti, hoy me hiciste llorar y aprendí algo de ti, mañana me harás recordar y cambiaré. Y todos esos cambios suman quien soy hoy.

Fue mi decisión hablar contigo, fue mi decisión escribir esto y dejar que lo leyeras, fue mi decisión andar por este camino, y estar solo y estar afuera o adentro, ser optimista o ser pesimista, mirar el cielo o mirar el suelo, abrir o cerrar los ojos, y será mi decisión mostrarte quien soy o mostrarte quien quiero ser o quien quieres que sea. Y cada decisión me hará cambiar.

Y tal vez un día nos encontremos y verás que no soy el mismo, porque sabes que he cambiado. Y notarás que cambio mientras caminamos, porque lo que me rodea, lo que decido oir, ver, sentir, tocar, vivir, todo cambia, así como yo, así como tu, si tu decides dejar que suceda.

Giorgio

6 de noviembre de 2007

En serio


La seriedad es una cosa muy seria. Es muy fácil pensar que una persona aparentemente seria es realmente seria sólo por asumir que una serie de serias suposiciones son ciertas.

He estado reflexionando seriamente sobre las implicaciones de decir que una persona es seria, y he descubierto la seriedad de un asunto tan serio como lo es decir que quien parece serio por fuera es serio por dentro.

Ser aparentemente serio por fuera no implica, seriamente, ser internamente serio. Sólo quien aparenta ser serio sabe que su seriedad es una máscara. ¿Sería serio decir que quien se ve serio es serio? Podría estar serio por pensar seriamente en algo poco serio, por ejemplo.

Decir que alguien es serio no tiene sentido. Incluso, serio pierde sentido cuando lo repites muchas veces. Y hay pocas cosas tan poco serias como decir serio seriamente repetidas veces .

Ni siquiera quien dice ser serio lo dice seriamente. Porque no es lo mismo estar serio que ser serio. No se puede ser serio porque vivir es lo opuesto.

En serio, lo digo con toda la seriedad del mundo. Y si yo estoy usando toda la seriedad del mundo para decir que nadie es serio, entonces no queda seriedad en el mundo para que alguien aparentemente serio pueda ser seriamente serio.

Giorgio

P.D.: les debo la foto, no la he podido cargar.

24 de septiembre de 2007

Único e irrepetible

¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que te escribí?

En tiempo de calendario han transcurrido muchos días. Pero mi calendario sólo cuenta las veces que este lado de la Tierra, donde yo estoy, le ha dado la espalda al sol. El tiempo en el que transcurre mi vida no es el mismo, así como tampoco es el mismo tiempo el que recorre tu vida.

Tantas o más variaciones hay de tiempos como de vidas y como de personas que viven, que han vivido y que vivirán. No sé cuántas han existido durante la historia humana, pero sí sé que ninguna ha sido exactamente igual a otra y nunca dos personas han tenido la misma vida. Así es en este mundo.

Todos los relojes modernos marcan los mismos ritmos, segundos, minutos, horas y días, semanas, meses, años y décadas. Pero el reloj de mi vida no es el mismo que el reloj que utilizo para llegar a tiempo o llegar tarde. El ritmo con el que yo vivo es distinto. Así como tu eres una persona única en el mundo, no hay otro ritmo como el tuyo, otro tiempo como el tuyo, como el de tu vida.

Para mí, te escribo en el momento justo, porque yo siempre estoy a tiempo, en mi tiempo. Me hubiese sido imposible escribirte antes porque en mi tiempo, a mi ritmo, no existe ni antes ni después. Sólo existe ahora.

¿Cuánto tiempo me tomó llegar al lugar donde hoy estoy?, sólo el tiempo que necesitaba. Solamente me tomó el tiempo que mi vida necesitaba para llegar, y llegué a tiempo, antes no hubiera podido.

Y así es para todo, hoy estoy aquí porque aquí tengo que estar para llegar a tiempo a donde voy, a mi ritmo y en mi tiempo, único e irrepetible.

Giorgio

4 de septiembre de 2007

Tu regalo

estrelladasCompré una varita mágica, porque me dijeron que con ella podría tener lo que quisiera con sólo pedirlo: una rosa, un palacio, una estrella, un mundo paralelo o una historia sin fin. Lo único que debía hacer antes era aprender a usarla, - “porque las varitas mágicas no funcionan si no conocemos la forma correcta de pedir las cosas” me advirtió el vendedor.

-Yo conozco la forma correcta de pedir las cosas; pensé. -Siempre me han dicho que para tener lo que yo quiera debo desearlo realmente, y con esta nueva varita será más fácil. Además, ya me leí todos los libros de Harry Potter, algunos hasta dos veces.

La nueva varita mágica es de madera oscura y pulida, tiene un olor parecido al de las almendras, con un toque de eucalipto y otro de naranja, mide casi 30 cm de largo, tiene las ondulaciones naturales de la rama de un árbol e inscripciones talladas en la parte baja, "Wandmaker, Co. MADE IN JAPAN". A pesar del precio preferí comprar una importada para asegurar que fuera de buena calidad. Los japoneses tienen fama de hacer equipos electrónicos muy buenos, seguro son igual de buenos haciendo varitas mágicas.

El vendedor me dijo que si quería grabarle mi nombre debía pagar un recargo y volver para retirarla en una semana, pero yo soy más inteligente que él. Una vez tenga la varita puedo conjurar un hechizo para grabar cualquier nombre, gratis e instantáneo, que tonto este vendedor. –Me la llevo ya mismo, le dije, muchas gracias, es para un regalo.

-¿Quiere papel de regalo?, otra estúpida pregunta que respondí con una sonrisa y me fui.

Para probarla intenté conjurar algo fácil, un Ferrari. -No puedo regalar una varita que no sirve, reflexioné desinteresadamente. Me imaginé conduciendo mi Ferrari rojo por una infinita carretera que bordea el mar, con la brisa fresca y salada golpeando mis lentes oscuros, y el aroma de las olas estrellándose estrepitosamente contra el malecón; y exclamé: -¡Un Ferrari rojo!, mientras hacía un movimiento circular con la varita. Pero nada sucedió. -Que extraño, pensé, es japonesa y realmente quiero un Ferrari... ¿Dónde estará el botón de encendido?

Por supuesto que las varitas mágicas no necesitan botón de encendido, ya lo sabía. Sólo la persona que será su verdadera dueña tiene el poder para obtener lo que quiera de esta varita. -Tendré que ahorrar un poco más y comprar una para mí.

-No obstante, volveré a intentarlo mientras camino a su casa. Pensando en algo menos ambicioso, cerré los ojos para alcanzar una mayor concentración, como la de los monjes tibetanos, y volví a exclamar enérgicamente: -¡Una casa en la playa!, ¡un avión!, ¡un árbol de billetes!; nada sucedió. Y seguí: -¡Una rosa!, ¡un palacio!, ¡una estrella!, ¡un mundo paralelo!, ¡una historia sin fin!... ¡una nube!. Abrí los ojos, -¡UNA NUBE... SÍ FUNCIONA!

-Toma, esta varita mágica es un regalo para ti...

Giorgio

19 de agosto de 2007

El descanso

lejos
-Mira!, allá va Santa!, dijo, estirando su brazo y apuntando con su dedo índice hacia el cielo oscuro y nublado, en una fría noche de invierno, de la primera navidad que puedo recordar.

A tan corta edad, los eventos que pude retener en mi mente, como recuerdos eternos, fueron aquellos que causaron en mí una gran impresión. París en diciembre era una ciudad nueva y desconocida; el frío que salía como nubes blancas de mi boca, la nieve que decoraba los techos en las entradas de los edificios y tiendas, los árboles llenos de luces amarillas titilantes, las personas con bufandas de colores paseando por la acera y las inmensas vitrinas llenas de juguetes: una gran jirafa de lego, y un elefante y un tren que iba y venía y Santa que pasaba volando por encima de mi cabeza.

Desde abajo todo parecía muy grande. Miré hacia arriba lo más rápido que pude con la esperanza de verlo entre las copas de los árboles y entre las nubes, vestido de rojo y blanco, con una gran bolsa de regalos, varios de los cuales eran para mí, otros para mi hermano y otros para mi hermana.

-Allá!, en su trineo!. ¿No lo viste?, continuó. -Sí, dije asintiendo. Aunque no había sido así.

Durante largo rato mantuve la mirada fija en el infinito, buscándolo y deseando que volviera a aparecer. Pensé que si San Nicolás estaba repartiendo regalos en las casas cercanas, posiblemente volaría nuevamente por encima de nuestras cabezas y la próxima vez no me lo iba a perder.

Finalmente, no regresó, o por lo menos no mientras yo estaba despierto. Pasamos la noche en una casa en las afueras de la ciudad. Una de esas casas que yo no sabía que existían de verdad, casi toda de madera, con unas escaleras de madera que tenían un descanso a la mitad, con agujeros en la parte baja de las paredes para que los ratones pudieran entrar y salir.

Cenamos y nos acostamos a dormir, mi hermana, mi hermano y yo, en la misma habitación.

Cuando desperté, la mañana siguiente, mi hermana ya había abierto varios de sus regalos. Uno de ellos creo que era un gallo muy lindo, todos los demás tenían una tarjeta con su nombre. Santa nos había olvidado a mi hermano y a mí, tal vez porque no lo habíamos saludado cuando voló sobre nuestras cabezas la noche anterior. Era la primera navidad que recuerdo y no había ni un regalo para mí.

Seguí observando como mi hermana abría emocionada sus regalos, hasta que mi mamá entró en la habitación y exclamó: -Vayan a abrir los regalos que les trajo San Nicolás! Están en las escaleras!.

Tan rápido como pudimos corrimos hasta las escaleras, bajamos de dos saltos y encontramos los regalos. Santa no nos había olvidado, estaban ahí los regalos, esperándonos en el descanso.

Giorgio

16 de agosto de 2007

La quinta vuelta

una hoja
No fue sino hasta el quinto de mis viajes alrededor del mundo cuando logré percatarme de un fenómeno que, estoy casi seguro, cambiará el rumbo de la humanidad y la obligará a considerar perspectivas alternativas a su manera de ver las cosas, y que, todavía después de otros siete viajes, ocupa cerca de la totalidad de mi tiempo reflexivo.

No debe equivocarse el lector pensando que cualquiera hubiese podido llegar a las mismas conclusiones que he alcanzado yo en mis excursiones planetarias. Las hazañas de Phileas Fogg y Passepartout han demostrado que dar la vuelta al mundo no es tan fácil como parece, mucho menos hacer hallazgos que sólo quien no suele entender lo obvio es capaz de hacer.

Es el descubrimiento más grande que se haya hecho desde que Erastótenes, hacia el siglo III adC, calculara que la Tierra es esférica; desde que Pitágoras, tres siglos después, fuera la primera persona en defender tal idea; y desde que Wikipedia, transcurridos sólo 21 siglos ddC, lo publicara en Internet.

El mundo está dejando de ser redondo y es, en cada nuevo día, más cuadrado que en el día anterior. Ángulos rectos y muros planos nos rodean. Sin importar en qué dirección estés mirando, es muy probable que te encuentres más de una forma cuadriculada. No será difícil entonces, después esta ilustrada introducción, deducir lo que mi mente ha mantenido en secreto por ya demasiado tiempo: "El mundo es hoy más cuadrado que redondo”© (Todos los derechos reservados).

No es el momento para perder los estribos o iniciar la histeria colectiva y destruir las escuelas de astronomía o quemar los libros que intentan defender la idea obsoleta del mundo redondo. Es el momento para voltear la mirada hacia adentro y pensar en cómo hemos contribuido individualmente con este cambio global de geometría. El momento es ahora y la decisión es tuya.

Giorgio

P.D.: si quieres contribuir a recuperar el mundo que estamos perdiendo, entra en http://saturno.un-clic-por-el-bosque.com/ y haz tu aporte.

13 de agosto de 2007

Nueva encuesta

Coloqué una nueva encuesta en la barra lateral del blog. Los invito a responderla y a darme su opinión sobre el nuevo nombre de mi blog.

Saludos,

Giorgio

12 de agosto de 2007

Cambiando


Estoy haciendo algunos cambios a mi blog. Por ahora tiene nuevo nombre y nueva dirección: http://lifeonsaturno.blogspot.com

Giorgio

6 de agosto de 2007

Cosas que no sé si entiendo

  • El infinito positivo
  • Lo que no sé que existe
  • El infinito negativo
  • Nada
  • Lo transparente del agua
  • El espacio entre las cosas
  • La música sin volumen
  • La inmortalidad del cangrejo
  • Cómo ves el mundo
  • La inteligencia
  • Las cosas sin sentido

Necesario es equivocarse

más adentro

Un día, hace más o menos 3 años, Santiago me preguntó: - ¿Las personas aprenden de sus equivocaciones? - Sí, la mayoría de las personas aprenden de sus errores; le respondí. Y él dijo: - Entonces la vida está hecha para equivocarse y aprender de las equivocaciones, porque si la vida está hecha para aprender y cuando te equivocas aprendes, entonces la vida es para equivocarse.


Giorgio

11 de julio de 2007

Tenía sólo 3 años

oscuro
Recuerdo que cuando llegamos a Paris era difícil para mí entender por qué estabamos ahí, más aún por qué la gente hablaba con palabras que yo no comprendía. Llegamos mi mamá, mi hermana mayor y mi hermano gemelo a un pequeño piso en un edificio no muy alto. Recuerdo que junto al edificio había una panadería donde me comí mi primer croissant au chocolat y en frente una plaza donde vi por primera vez la nieve y me paré sobre ella y mi pie se enterró.


Caminábamos todos los días a la escuela con mi hermana. Ella nos dejaba y seguía a sus clases. El primer día conocí a un niño con un sombrero de bombero. No era una escuela muy grande, pero no volví a ver al niño del sombrero de bombero, o tal vez sí, pero sin el sombrero.


Cuando terminó el año, la maestra le dijo a mi mamá que nunca me había escuchado la voz, y es que, por algún motivo, decidí no hablar con nadie. Supongo que, como al principio no entendía nada de lo que me decían, preferí quedarme callado para que no dijeran que estaba loco o algo así, y cuando empecé a entender, ya estaba acostumbrado a no hablar.


Mi hermano y yo estabamos en salones separados. Durante el día de clases sólo nos veíamos a la hora del recreo y a la hora en la que en su salón tomaban una siesta. Parece que a él no le gustaban las siestas y se iba a mi salón a jugar conmigo. Un día salimos al patio. Era un día gris, no me gustó y no volví a salir.


De mi salón sólo recuerdo tres niños, el que se comió mi comida un día, el que nunca me prestó los juguetes que me gustaban y la niña que me dio un beso.


La maestra había llevado una gran torta, de las que más me gustaban. Nos pidió sentarnos en el suelo, las niñas de un lado y los niños del otro. Picó la torta por la mitad y luego cada mitad en trozos iguales, los trozos de una mitad los repartió entre los niños y los de la otra mitad entre las niñas. Era una trampa.


Mientras comía mi trozo de torta encontré una pequeña figura blanca, creo que era un caballito, no sabía por qué estaba ahí hasta que una de las niñas encontró también una figurita y la maestra dijo en un francés perfectamente entendible: Te toca darle un beso a Giorgio!!. Si mal no recuerdo, mis ojos se llenaron de lágrimas.


Giorgio

7 de julio de 2007

Ambos lados

¿al revés?El cerebro tiene dos lados conocidos por mí, debe tener muchos más desconocidos. Yo sólo conozco dos y voy a hablar de ellos. Uno es el derecho, fácilmente reconocible porque visto en un espejo se ve del lado izquierdo, y el otro es el izquierdo, una vez identificado el primero, éste se puede encontrar por descarte.

Mi lado favorito es el derecho, pero el que más utilizo es el izquierdo, tanto que a veces no me deja usar el derecho. Cuando escribo en mi blog, el izquierdo me permite formar palabras pero es el derecho el que me dice qué escribir. Si el izquierdo hace su trabajo sin molestar mucho, puedo escribir algo bueno.

En este momento, por ejemplo, no sé cuál de los dos estoy utilizando más. Si fuese por el lado izquierdo, esta sería una clase de cerebrología, pero el derecho parece estar dominando y me hace escribir cosas que podrían no tener mucho sentido lógico, lo cual es lógico porque es el lado izquierdo el encargado de pensar en la lógica de las cosas.

El dolor de cabeza que estoy sintiendo podría ser causado por la pelea entre los dos lados. El izquierdo que le dice al derecho que la cerebrología no existe y el derecho que le dice al izquierdo que entonces por qué quiere dar una clase de cerebrología.

No es fácil vivir con dos lados del cerebro, pero no lo puedo evitar.

Giorgio

6 de julio de 2007

Mira por la ventana

miraNo soy la misma persona con quien hablaste ayer. Así como el río, que fluye y cambia en cada momento, hoy soy otra persona. He fluido, así como han fluido mis pensamientos y mis ideas. Pero aún soy el mismo que conociste alguna vez, soy el mismo que se enamoró de ti a primera vista.

Mucho de lo que soy hoy y de lo que fui ayer te lo debo a ti, mucho de lo que he crecido y aprendido. Hoy puedo ver los colores del día, hoy puedo detenerme y ver.

Por quien fui ayer soy responsable. Pero yo soy hoy, no soy ayer. Y los días cambian en cada instante, el viento se mueve y se lleva lo que dejó de funcionar. Por eso sólo quedará lo que sirve, lo demás pasa, lo demás se va.

Mira por la ventana y fíjate. Ayer había una hoja que ya no está, ahora quedó el espacio para algo nuevo.

Y tu tampoco eres la misma de ayer. Vamos a conocer a quienes están aquí hoy, vamos a aprovechar el espacio que dejaron los que se fueron, para hacer algo nuevo.

Quiero salir y seguir viendo cómo todo cambia y quiero mostrarte. Quiero que veas lo que he aprendido, quiero que veas lo que me has enseñado. Por supuesto que no soy el mismo de ayer y tampoco quiero serlo y tampoco quiero que lo seas. Quiero que veamos cómo hemos fluido, cómo hemos crecido.

Mira por la ventana y fíjate. Todo eso lo he aprendido de ti.

Giorgio

Vivir y existir

vivir y existir
Hoy estoy buscando mi vida. No recuerdo cuando fue la última vez que la vi, ni siquiera si la he visto alguna vez, ¿o sí?. Algo tengo en mi memoria de lo que podría ser un trozo de ella.

¿Qué vida es esta que no está conmigo? y, si no está conmigo, ¿dónde está?. ¿Será que mi vida puede existir sin mí?. Hasta ahora yo he podido existir sin mi vida, pero existir no es lo mismo que vivir.

A veces siento que sólo estoy existiendo, sin vivir, y cuando mi vida está conmigo, existir no me importa.

Ya sé dónde está mi vida, está esperando que yo deje de existir.

Giorgio

13 de junio de 2007

Lo común del resfriado

conviviendo ¿Quién habrá inventado el resfriado común?. Desde hace tres días tengo un resfriado "común" que no se me quita ni con los medicamentos comunes. Estuve investigando sobre estos resfriados y encontré que normalmente duran entre 3 y 10 días. Muy inteligente el que inventó los resfriados comunes.

Para mí no es nada común tener un resfriado, ya que normalmente no estoy enfermo. Si mal no recuerdo, el último resfriado común que tuve no me acuerdo cuando fue. Así de común es este resfriado. Es muy poco común que yo me comúnmente resfríe.


Podría apostar que el que inventó el resfriado común primero inventó un medicamento y, como no sabía para qué servía o si servía, lo llamó medicamento para el resfriado común. Tremenda oportunidad de negocio. Luego inventó un resfriado que dura entre 3 y 10 días, sin importar lo que tomes para eliminarlo, y lo llamó "común". Muy inteligente.


Lo peor es que a pesar de que descubrí la farsa del resfriado "común", sigo tomando el medicamento, y seguro eso es lo que sucede en la mayoría de los casos. La gente que tiene un resfriado común, o poco común como el mío, toma el medicamento por aproximadamente 3 a 10 días, y cuando se les quita el resfriado dicen: que bueno es este medicamento para el resfriado común (o poco común, depende si es como el mío o como el que tiene la gente).


Este es mi tercer día de resfriado, así que espero despedirme de él en cualquier momento dentro de los próximos siete días. Mientras tanto, seguiré tomando el medicamento cuyo empaque dice "Resfriado común".


Ahora que lo pienso, ¿no será que este medicamento no es en realidad un medicamento, sino un resfriado común en sobre?. Voy a tener que reflexionar un poco más alrededor de esta idea.


Giorgio

5 de junio de 2007

Es mi vida

Marcha de los claveles - eluniversal.com
Es un dilema. Ayer continué con mi vida, igual que siempre. No fui a marchar, pero eso no hubiese cambiado nada porque he ido a marchar muchas veces y lo seguiré haciendo. Sobre todo los fines de semana. Hoy sigo con mi vida como siempre lo he hecho.

Nada cambia, o pasa muy poco. Los estudiantes están en la calle y yo en mi silla frente al computador. La vida continúa y el trabajo también, o viceversa, ya no me acuerdo. Es un dilema.

Mi vida es muy preciada para mí. Grito por la libertad, por un futuro mejor, por vivir en paz. Pero la vida no se detiene, y el trabajo tampoco. ¿Cómo puedo levantarme de mi silla frente al computador, si la vida no va a esperar por mí cuando me vaya a marchar?. Esperaré al fin de semana.

Lo que hago es muy importante, de ello depende que mi vida continúe como siempre. Hace unos días escuché que los estudiantes son el futuro, ellos dicen ser el presente. Creo que tienen razón. Y me pregunté: ¿yo qué soy?.

El trabajo sigue, puedo ser presente otro día y vivir mi vida hoy. El presente va a estar ahí cuando yo decida detener mi vida y ser.

Un gran amigo me preguntó: ¿qué se siente vivir en esa ciudad, con tanto estrés?. Le respondí: ya estamos acostumbrados.

Ya me acostumbré. Hoy vivo, hoy trabajo y el fin de semana, y uno que otro día, marcho. ¿Qué mejor manera de defender la libertad, el futuro y la paz?. ¿Para qué apagar el computador, levantarme de la silla y salir a marchar hoy?. Hoy le toca a los estudiantes. Muchas gracias a los estudiantes.

Mi dilema está resuelto y puedo seguir mi vida tranquilo. Mi trabajo no se atrasó y mi vida tampoco, ¿o era al revés?. Mañana o pasado mañana me toca a mí ser presente, hoy no.
Giorgio

23 de mayo de 2007

Afuera y adentro

LUZ

Hace varias semanas encontré un desierto y entré esperando conseguir un oasis. No quería hacerlo, simplemente fue así. Muchas veces he creido ver lo que estoy buscando y emprendo el camino en la dirección que pienso me llevará a lo que finalmente resulta ser una ilusión.


Ahora estoy parado en medio del desierto, mirando hacia arriba. Me detuve un momento para decidir cuál camino seguir. Lo importante es la búsqueda, sin algo que buscar qué quedaría por hacer.


Los marcianos tienen su desierto, todos saben eso, incluso ellos lo saben. Sin embargo, los marcianos vienen a buscar aquí y es totalmente comprensible. Si pudiera iría a buscar allá, y por eso estoy mirando el cielo. Si Marte fuese colonizado por nosotros en un futuro, los descendientes de los colonizadores podrían llamarse marcianos.


¿Buscar qué?, ¿buscar para qué?. No hay nada que buscar, por eso el desierto es el mejor lugar para buscarlo, y entrar a un desierto para encontrar un oasis no tiene sentido, es simplemente una excusa. Si hubiese algo que buscar, por supuesto que no lo buscaría en un desierto. La ventaja del desierto es que cuando es de día hay mucha luz, lo cual facilita la búsqueda.


He pensado en dejar de buscar afuera, en el desierto, donde hay mucha luz, para comenzar a buscar adentro. Pero adentro está oscuro. Tendría que comenzar por encontrar el interruptor de la luz. ¿Y si no hay nada?, ¿si enciendo la luz y está totalmente vacío?, ¿después qué?. Es más fácil seguir buscando afuera y no encontrar nada, que buscar adentro y encontrar lo mismo.


Giorgio

25 de abril de 2007

1966 - 2007

tonosRecuerdo cuando José nos llevaba al colegio. Pasaba por la casa en la mañana, como a las 7, cuando el sol apenas se estaba despertando. Me imagino que se levantaba muy temprano para llegar a las siete porque yo me levantaba temprano y a veces ni siquiera me sobraba tiempo para desayunar. Cuando sonaba el despertador, mi hermano lo apagaba y saltaba de la cama. Desde ese momento yo sabía que me quedaban, como máximo, 20 minutos de sueño, mientras él se bañaba. Medio dormido y medio despierto podía escuchar el agua cayendo en la ducha y deseaba que el tiempo se detuviera por unas horas para dormir un rato más. Luego era mi turno. Me daba mi baño matutino, como lo he hecho casi siempre, me vestía con lo primero que encontraba y llegaba José.

Salíamos todos con caras de sueño, con los morrales en la espalda, nos montábamos en la camioneta roja más vieja que he visto en mi vida y partíamos, por las calles y avenidas de la ciudad, hacia el colegio. Mi hermana siempre se sentaba en el asiento delantero a un lado de José, no me acuerdo si alguien más se sentaba adelante. Los demás nos sentabamos apretados en el asiento de atrás. Era una camioneta de carga, de esas que, me imagino, se usaban en los tiempos de mis abuelos para llevar mercancías a las tiendas y abastos. Atrás era completamente cerrada, sin vistas al exterior, y adelante tenía las ventanas del piloto y el copiloto. José la había convertido en una discoteca sobre ruedas, así que el espacio de carga y parte del asiento trasero estaban ocupados por un gran sistema de sonido que te podía levantar del suelo con cada ¡BUM! de la música. Nosotros nos acomodábamos como podíamos.

Siempre fueron viajes muy interesantes. Entre los chistes y locuras de José y la habladera interminable de mi hermanito, íbamos acumulando las energías que necesitabamos para el resto del día. Cuando llegábamos al colegio ya no quedaban rastros de sueño. Nos bajábamos mi hermano, mi hermanito y yo, creo que mi prima también, y José seguía con mi hermana para dejarla en su lugar de trabajo. Por lo que recuerdo, mi hermana y José no se habían casado todavía, pero pronto lo harían.

Una de esas mañanas, un día de finales de noviembre, José trajo una caja de fosforitos (petardos). Los prendía y se los lanzaba a los transeúntes, calculando el tiempo que tardaban en explotar para que el paso de las personas y las explosiones coincidieran con los ¡BUM! de la canción que estuviera sonando. Los brincos y gritos de la gente eran suficientes para hacernos reir de ahí hasta que encontrabamos a la siguiente víctima.

Uno de los inocentes fue un vigilante que encontramos sentado a la puerta de un edificio. Al escuchar la explosión saltó de la silla y comenzó a dar vueltas mientras giraba su cinturón buscando la pistola. Cuando entendió que sólo había sido una broma y nos vio riéndonos, no le quedó más que hacer lo mismo.

Siempre ha sido y será uno de los buenos recuerdos que me dejó José.

Giorgio

23 de marzo de 2007

¿Qué?

¿qué?
Hoy quisiera que el mundo se detuviera, como en la dimensión desconocida. Muchas veces lo he querido, y no porque esté loco, como muchos piensan, todo lo contrario. Yo soy de otro planeta y en este mundo ser de otro planeta no está bien visto.

¡Tu si estás loco!, me dicen... Cómo llevarles la contraria. No tengo ninguna forma de demostrar que no soy de aquí. Además, sólo estoy de visita. En un principio vine por la comida y la música, luego decidí quedarme un tiempo más. Cuando encuentre al que busca me iré.


Giorgio

19 de marzo de 2007

Ahora sí, el premio Nobel

aproximación
Hoy me quedé dormido varias veces antes de salir de mi casa al trabajo. La primera vez parado a un lado de la cama, la segunda en el camino de la cama al baño y la última bajo la ducha. Las implicaciones de esto son diversas y, por mis extensos estudios sobre el tema, creo poder afirmar, sin temor a equivocarme demasiado, que no han sido debidamente abordadas.

En esta oportunidad sólo me referiré a una que considero tiene el mayor impacto negativo sobre la calidad de vida de individuos que, como yo, suelen dejarse dominar por el sueño en lugares socialmente poco apropiados para ello, y haré algunas propuestas dirigidas a reducir tal impacto.

Levantarse temprano en la mañana para llevar a cabo el ritual habitual de actividades que te ayudan a transformarte en una persona presentable puede ser, con mucha frecuencia, un proceso lento y rutinario. Lento porque, como con todas la cosas que uno no quiere hacer, la motivación es insuficiente para permitirte hacerlo rápido, y rutinario porque las tareas que lo componen son repetitivas y se pueden hacer sin pensar, con el cerebro en automático. En mi caso esto se hace evidente cuando, en ocasiones, no logro recordar cómo llegué a la puerta de mi casa listo para salir.

Por lo general, la alarma de mi despertador está prefijada para sonar alrededor de 45 minutos antes de mi supuesta hora de salida a la vida cotidiana externa. Este tiempo, en teoría, es suficiente para ducharme, vestirme y desayunar. Sin embargo, el quedarme dormido en varias de las fases de preparación diaria ha resultado en considerables retrasos en la salida de mi casa y, como consecuencia, en la llegada a la oficina.

Sería estúpido de mi parte pensar que fijar la alarma unos minutos antes podría solucionar el problema. Esto sólo disminuiría mi tiempo de sueño en la cama e incrementaría las siestas momentáneas durante alguna de mis actividades posteriores. La solución es obvia, pero está fuera de mi control. Me parece que el lector puede ayudarme en este punto.

Con el aumento acelerado del tráfico en la ciudad, he notado que la puntualidad en la hora de salida se ha tornado más importante, y dormir después de levantarse de la cama atenta contra la misma. Salir con cinco minutos de retraso puede significar entrar 30 minutos tarde a la oficina. Entonces, ¿no sería una solución lógica, y más sencilla que cambiar la hora de todas las alarmas del mundo, eliminar el alto tráfico en la ciudad?. Yo creo que sí, y he aquí cómo hacerlo.

Ayer, por ejemplo, fue lunes bancario, es decir, los bancos no abrieron al público y el tráfico fue mucho menor que en un día normal. Seguramente el lector ya está pensando lo mismo que el escritor, no obstante, a este último se le ocurrió primero: -Que todos los días sean lunes bancarios resolvería el problema, por supuesto!... Pero esto traería otro problema que seguro el lector no ha considerado y que también se le ocurrió primero al escritor: -Si todos los días son lunes bancarios, el fin de semana no llegaría nunca.

La verdadera solución, cuyo razonamiento dejaré a manos del lector, es, ahora sí, la merecedora del premio Nobel. No debe pensar el lector que le sería difícil alcanzar el nivel de genialidad al que ha llegado el escritor con este desenlace. Me ha tomado tiempo y paciencia, y ese es el secreto de dicha genialidad.

Eliminar todos los bancos no sólo contribuiría a reducir drásticamente el tráfico, porque la gente que no sale de su casa los lunes bancarios, no tendría motivos para salir otros días, sino también reduciría las largas filas de personas que esperan ser los primeros en entrar cuando abren las puertas de las oficinas bancarias. Esto tiene importantes consecuencias sobre la calidad de vida de la población, sobre la productividad en las empresas y, por lo tanto, sobre el crecimiento económico de los países.

Otra solución que he considerado es eliminar los colegios, puesto que cuando los colegios están cerrados, no hay tráfico. Pero esta idea requiere un poco más de tiempo reflexivo antes de permitirme hacer un planteamiento definitivo. Pronto escribiré más sobre el tema.

Giorgio Saturno

13 de marzo de 2007

Libre

NostalgiaPor momentos podía sentir que estaba volando, cada salto que daba me impulsaba más arriba y más lejos. Como si fuera parte del viento y de las hojas que se lleva, como si intentara convertirme en silencio y desaparecer, flotando sobre casas, campos y vidas, me alejaba de aquello que desde lo alto parecía insignificantemente inmenso. Sólo un salto más... y desperté.

La frente apoyada en la ventana, el mundo que con saltos había visto desde lo alto, el viento que había querido ser y el árbol que soltó sus hojas. Sólo un salto más.

Giorgio Saturno
Sueños escritos

4 de marzo de 2007

La polinización del futuro

vida Seguramente todos recuerdan al renombrado psiquiatra suizo Carl Jung (1875-1961), fundador de la psicología analítica, quien utilizó por primera vez la palabra sincronicidad (synchronicity) para describir la coincidente ocurrencia temporal de eventos que no están causalmente relacionados. Si algunos no lo recuerdan, no han de preocuparse, yo tampoco lo recordaba; y si pudiera agregar más, diría que el hecho de no recordar algo que nunca has olvidado simplemente porque nunca lo has aprendido, puede llegar a ser, incluso, normal en algunas sociedades.

Como no es el objeto de este escrito hablar sobre el recuerdo de cosas que nunca he olvidado, aunque mucho se puede profundizar en torno a ese tema, voy a detener esta línea de pensamientos que podría llevarme a olvidar cosas que quiero recordar.

Mi pasatiempo fotográfico comenzó no hace mucho. Creo que fue casi sin pensarlo que comencé a capturar imágenes de cosas que me llamaban la atención y descubrí que puedo tener un buen ojo para la fotografía, posiblemente hasta dos buenos ojos. Hace un año compré mi cámara, no es una profesional, pero es suficientemente buena para permitirme encontrar grandes detalles en pequeñas cosas.

En varias oportunidades he visto en los insectos, y especialmente en las abejas, buenos modelos para inmortalizar. Las abejas viven para trabajar y trabajan para vivir, el trabajo es su vida y su vida es su trabajo. Cada vez que veo una abeja, está haciendo algo relacionado con su trabajo. Muy pocas veces me he topado con una que esté bailando en un club nocturno, y cuando ha sido así, por lo general es porque perdió su trabajo y está ahogando sus penas en la bebida, o porque a la reina se le ocurrió salir a buscar un rey y lleva consigo a sus guardaespaldas quienes, por consiguiente, están trabajando.

En este último año he podido fotografiar un buen número de abejas, casi siempre, y este es uno de los motivos por los cuales son buenas modelos, cerca de flores. Es por eso también que estos insectos son responsables, en gran medida, de la polinización de cosechas y una amplia variedad de plantas. Las abejas polinizan alrededor de un tercio de la provisión mundial de alimentos.

La sincronicidad “es la vivencia de dos o más ocurrencias de eventos relacionados (más allá de la coincidencia) en una forma que es lógicamente significativa – pero inexplicable- para la persona o personas que las viven” (ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Syncronicity). Lo que diferencia a la sincronicidad de la coincidencia es que la primera debe sugerir un patrón dinámico de ocurrencias, no sólo la ocurrencia.

No creo que sea casualidad o coincidencia, sí sincronicidad, el hecho de que desde hace tiempo he querido escribir sobre el deterioro que ha sufrido y está sufriendo la naturaleza y la aparición de las abejas en mis fotografías. Ellas me han proporcionado un comienzo.

El tema del calentamiento global ha tomado fuerza en los últimos años porque se ha convertido en una emergencia mundial, y a él lo acompañan un considerable número de otros efectos ambientales negativos.

En Estados Unidos, España y Polonia, países con importantes operaciones comerciales de cría de abejas mieleras, las colonias de abejas han comenzado a desaparecer rápidamente (ver: http://www.earthfiles.com/news/news.cfm?ID=1214&category=Environment).

Aunque podría parecer lejano, el impacto que la extinción de las abejas tendría sobre la existencia de la humanidad es muy grande. La desaparición de las abejas puede ser el primer indicio de un futuro que no queremos ver.

Por mi lado, me gustaría seguir viendo a las abejas en mis fotografías, y no por casualidad.

Giorgio Saturno

7 de febrero de 2007

Si mal no me equivoco

todavíaEn estos días está muy de moda visitar, periódicamente, a alguien que nos ayude a ver y revisar nuestro interior, nuestro yo interno, para conocernos mejor de lo que nos conocemos actualmente; y no me estoy refiriendo a un médico forense, quien sólo nos puede ayudar a conocer nuestro interior cuando ya no sirve de nada conocerlo, sino a alguien o algo que nos escuche con paciencia.

Identificar las fortalezas y debilidades propias, entenderlas y hallar maneras de aprovechar las fortalezas para alcanzar nuestras metas y convertir nuestras debilidades en oportunidades de mejora, son algunos de los resultados que podemos encontrar luego de un rato de análisis e introspección junto con otra persona, animal o cosa.

Sin embargo, si mal no me equivoco - y esto lo explicaré más adelante-, nadie nos conoce más que nosotros mismos y tal vez sería suficiente con tomar unos instantes, cada día, para apartarnos mentalmente de lo que nos rodea y reflexionar.

Utilizaré un ejemplo para ilustrar este punto: Que yo recuerde, yo me conozco desde antes de nacer. No sólo eso, estoy casi todos los días conmigo y no hay nada que yo piense, diga o haga, que yo no sepa. Si lo pienso detenidamente, y no es el propósito de este ejemplo, podría decir que es, prácticamente, una invasión de mi privacidad y, por más que lo desee, nunca estaré sólo a menos que decida asesinarme. Si es este el caso, entonces es preferible ir directamente con el médico forense y no molestarse con la revisadera.

Desde la perspectiva anteriormente planteada, es muy fácil preguntarse: - ¿Para qué ir a hablar con alguien o algo, si nunca podrá saber más de mí de lo que yo sé?. Entonces cometeríamos un grave error sin estar conscientes de ello y estaríamos confirmando así, la necesidad de hablar con ese otro. Para ilustrar este nuevo punto utilizaré un ejemplo personal con el que espero, ahora sí, explicar lo que intento decir.

En una de mis tantas sesiones solitarias de revisión interna, me di cuenta que no tenía debilidades (para llegar a dicha conclusión acudí a un razonamiento similar al que utilicé cuando me di cuenta que nunca me equivoco). Luego pensé, si no tengo debilidades tampoco tengo oportunidades de mejora, y si no tengo oportunidades de mejora, entonces nunca podré ser mejor de lo que soy hoy. Algún lector se habrá percatado de algo que es obvio para mí, si no puedo ser mejor de lo que soy, entonces no necesito revisarme. No obstante, otros lectores más astutos habrán encontrado una falla. No poder ser mejor de lo que hoy soy es, en sí mismo, una debilidad.

Es así como queda comprobada la hipótesis, es mejor tener a alguien o algo con quien hablar que ir a conversar con uno mismo. Porque fue sólo con la ayuda del lector que pude darme cuenta de mi equivocación e identificar así, mi única debilidad, es decir, mi única debilidad es que no tengo debilidades. Muchas gracias.

Giorgio Saturno

P.D.: si alguien tiene algún comentario sobre este escrito o sobre la cantidad de comas en el cuarto párrafo, por favor no dude en escribirlo en el espacio que encontrará haciendo click sobre el link que dice comentarios, al pie de esta entrada.

29 de enero de 2007

El eterno

Murder in halfEl sonido oscuro de sus pasos es cada vez más cercano, su respiración retumba como si trajera consigo el aliento de la noche y sus rápidos movimientos parecen cortar el espeso y pesado aire que corre lentamente entre los árboles.

Yo nunca lo he visto, ni en mis sueños, ni en mis pensamientos, tal vez en mis miedos. Su figura aparece y desaparece, como una sombra intermitente, siempre unos pasos detrás de mí, cada vez más cerca. Su mirada intranquila, penetrante, imita el camino que yo no conozco aún. A lo lejos, un río. Al otro lado, lo mismo.

Giorgio Saturno
Sueños escritos

24 de enero de 2007

La oposición de los espacios

Tiempo Estático
Muchas veces me pregunté, cuando estaba pequeño, si el mundo se detenía cuando yo no estaba mirando y, cada vez que lo hacía, volteaba rápidamente hacia atrás para intentar capturarlo en su estado estático.

Yo imagino, o por lo menos eso espero, que el lector se ha preguntado alguna vez lo mismo, si no es así, le pido que antes de continuar leyendo se lo pregunte e intente respondérselo. Es importante que la pregunta se la haga el lector para sí mismo y no le cuente a nadie que lo ha hecho ni intente explicarle a alguien la respuesta, de lo contrario, podrían pensar que está loco o que tiene mucho tiempo libre.

En mi infancia, tenía un montón de teorías sobre por qué las cosas cambiaban y por qué, si el mundo estaba paralizado detrás de mi, podía seguir escuchando los sonidos del movimiento. Una de ellas, cuya postulación la hice a la edad de cinco años, la llamé, en aquella ocasión, "Teoría Física Cuántica de la Oposición del Espacio Estático Invisible al Espacio Dinámico Visible" (Saturno, 1982). Tarde me di cuenta que, por un error en mis razonamientos de aquella época, había confundido lo que ahora conozco como percepción con una complicada oposición de los espacios.

La navidad de aquel mismo año (diciembre de 1982), cuando estaba por enviar mis ensayos a las más importantes revistas científicas y filosóficas de la época, mi madre, por error, envió mis escritos al niño Jesús y mi lista de regalos a las editoriales. Si mal no recuerdo, años después Newton y Einstein enfrentaron sus teorías sobre el espacio y el tiempo estático y dinámico.

Es mi sospecha que ese año, como parte de sus respectivas listas a Santa Claus, Newton y Einstein pidieron ideas para sus siguientes publicaciones y, enmarcado en el Convenio de Cooperación entre el Niño Jesús y Santa (COCONIJESA), el primero decidió entregar al segundo mis teorías a cambio de la linterna y el carro de superman que recibí el 25 de diciembre de aquella navidad. Ahora es casi un hecho que Santa dejó, bajo sus respectivos árboles, la mitad de mis ensayos a uno de los científicos y la otra mitad al otro; y que el niño Jesús lee las más importantes revistas científicas y filosóficas del mundo.

Cuando, poco tiempo después, leí que Newton decía que "... El espacio es estático, un `escenario´ inmutable en donde el gran drama cósmico se desarrolla, y el tiempo es el misterioso y universal `reloj en el cielo´..." y Einstein le respondía que "... El espacio en sí está siendo retorcido y curvado continuamente por la materia y la energía moviéndose dentro de él, y el tiempo fluye a diferentes velocidades para distintos observadores..." (ver http://ciencia.nasa.gov/headlines/y2005/28mar_gamma.htm), más que enojarme por el plagio de mis ideas, me alegré de que esos dos hubiesen corregido los errores en los que yo había incurrido.

Ahora me doy cuenta que si no se promueve el debate de ideas y no existe un flujo de información entre pensadores, no son posibles los avances científicos, tecnológicos y de la humanidad; y aunque exista una gran fuente de información que reuna todas las ideas, invenciones y descubrimientos que puedan existir, el acceso a ella sólo es posible en conjunto y no de manera individual.

Giorgio Saturno

8 de enero de 2007

Mi música

Potencial


Escuchen la música que está en la barra lateral del blog. La hice con la Mac. Si hacen click sobre las fotos pequeñas pueden cambiar la canción.

5 de enero de 2007

El Silencio

ZoomPara quienes no habían visto nunca una imagen del silencio, aquí está. Una entre tantas otras.

Mucho se ha dicho sobre la importancia de aprender a escuchar el silencio, escuchar lo que generalmente se escapa, lo que pasa desapercibido. Yo tengo un punto de vista que contradice o, tal vez, complementa lo que se ha dicho.

En una de mis primeras reflexiones sobre el silencio, hace ya veinte minutos, me di cuenta que el silencio es relativo, como todo lo demás. Esto intentaré explicarlo más adelante. Ahora hablaré acerca de un descubrimiento que hice hace poco, durante mis estudios mentales sobre el mismo (ver publicación: "Mis estudios sobre el silencio, no sobre el descubrimiento", Giorgio Saturno, 2007).

La naturaleza y, en general, cualquier cosa que puedas encontrar en el mundo, tiene infinitos detalles. Mientras más cerca estés, más detalles podrás encontrar. Así es el silencio, como la naturaleza.

Para comprobar esto, tal como lo hizo el escritor, el lector deberá ubicarse en un lugar que esté en total silencio o con la menor cantidad de ruido posible. Nótese que lo que se está intentando demostrar no es que el silencio es, en su mayoría, verde, sino que el silencio está lleno de detalles. Esto llevará al lector a conclusiones tales como, la naturaleza no existe o, el silencio está lleno de insectos, lo cual probablemente sea cierto. Sin embargo, no es el objetivo.

Siéntese, cierre los ojos y, sin moverse, intente encontrar un sonido, sólo uno. Cuando lo encuentre, enfoque todos sus sentidos en ese sonido y acérquese a éste como el zoom de una cámara se acerca a su objetivo. ¿Qué genera ese sonido?, ¿cuántos tonos o notas tiene?, ¿tiene ritmo o es totalmente aleatorio?, ¿en cuántas partes se puede descomponer?. Ahora que el sonido ha sido desarmado, deberá escoger un sonido dentro de ese sonido y repetir el procedimiento.

Cuando yo terminé este ejercicio, me percaté de lo antes señalado, esta es una fotografía del silencio. Es una flor no más grande que una moneda de 10 bolívares (o que una de 10 centavos de dólar, al cambio oficial) y así como con el silencio, tuve que detenerme y enfocar todos mis sentidos sobre el suelo lleno de verdes antes de encontrarla y acercarme aún más para fotografiarla.

Mi conclusión es, el silencio está en cualquier lugar y, a la vez, en ningún lugar. Otras conclusiones ahora conocidas por todos: El silencio no existe, por lo tanto, la naturaleza tampoco; El silencio es casi todo verde; El silencio está lleno de animales e insectos; El ser humano debe cuidar el silencio que lo rodea.

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