28 de agosto de 2010

Más de lo que has perdido

Espero valga la pena, y obtengas más que lo que has perdido, porque el engaño -casi siempre- hace menos bien que daño. No importa el motivo.

Hace poco desperté y lo supe, las señales estaban ahí pero decidí no prestarles atención. - Tal vez sean ideas mías, pensé. Pero el mundo da vueltas, todos lo días. Si hay una próxima vez, confiaré más en mi.

Aprovecha lo que puedas sacar de esto, aprende y crece. Haz lo mejor que puedas con lo que conseguiste, sé la mejor persona que puedas ser. Aprende y crece, y yo intentaré hacer lo mismo.

Ojalá éste no sea el principio del fin, aunque así parece. No lo subestimes como lo hiciste conmigo, se parece mucho a un final.

Espero valga la pena, y obtengas más que lo que has perdido. Haz que valga la pena.

Giorgio

11 de agosto de 2010

Inteligente y feliz

Hoy escuché sobre inteligencia y creatividad, y pensé.

Así es como funciono yo, escucho luego pienso. Aunque a veces pienso sin escuchar y también a veces escucho sin pensar. Como la vez en la que me puse a escuchar y no era problema mío.

En fin, escuché sobre inteligencia y creatividad, sobre cómo existen varios tipos de inteligencia y algunos no tienen nada que ver con el cerebro o nuestra facilidad para pensar soluciones y/o resolver problemas.

En muchas oportunidades he pensado en eso de los tipos de inteligencia, pero nunca, hasta hoy, lo había escuchado. Y eso es tal cual como pensar sin escuchar.

Hoy escuché y luego pensé: no importa en qué tipo de inteligencia me destaque, de nada me servirá si no soy feliz. Así que, la persona más inteligente del mundo es también la más feliz, no por ser más inteligente que los demás, si no por ser la más feliz.

31 de julio de 2009

Sobre los valores


Esto es para mí también, porque a veces lo olvido.

Estoy seguro de que cada uno de nosotros está aquí para lograr algo trascendental o, como mínimo, contribuir en lo que podamos para lograrlo. Transmitir lo que hemos aprendido en nuestros caminos es importante, es lo menos que podemos hacer, antes de irnos. Para qué guardarlo.

Mucho he pensado en nuestros valores y, valga la redundancia, el valor que les damos. Hace varios años, en una clase de Ética en la universidad, un profesor nos habló de la ética flexible de los venezolanos, de la cual no he podido escapar, y nos explicó con un ejemplo cotidiano, y un poco simple, a qué se refería: "- Yo puedo decir que cuando estoy manejando, nunca me 'como un semáforo', y es casi siempre cierto. Respeto las leyes de tránsito porque así lo decidí y no por las posibles sanciones que pueda tener si no lo hago. A menos que quiera llegar rápido, entonces me paso alguna que otra luz roja. Eso es la ética flexible."

Nuestros valores merecen nuestro esfuerzo por respetarlos, a pesar de los demás. Todos somos diferentes, y lo que puede ser un valor para unos, no lo es, necesariamente, para otros. Por lo tanto, también es importante entender que no vamos a estar siempre de acuerdo entre nosotros y eso está bien, siempre y cuando nuestra posición esté basada en nuestros valores.
Creo en la firmeza cuando se trata de defender los valores propios, porque mis valores son importantes para mí. PARA MÍ. Mis valores son un contrato que mantengo conmigo, con mi vida, no con otras personas. Así, cuando mi ética es flexible, cuando circunstancias que están bajo mi control me hacen obviar mis valores, estoy rompiendo una parte de mí. Estoy botando a la basura lo que debió estar escrito en piedra en mi mente y en mi ser; estoy pisando lo más trascendental que podría en algún momento haber transmitido a mis hijos, mis familiares, mis amigos, mis estudiantes, mis compañeros; y que me hubiese convertido en inmortal.

Lo que quiero pedirte es que, por favor, respetes tus valores. Porque son parte de ti; y cuando los ignoras, cuando los dejas de lado, a la primera persona que dañas es a ti mismo, segundo a los demás. Cada vez que pasas por encima de ellos y continuas sin tomar la oportunidad de volver y comprender que te has equivocado, estás perdiendo una parte de ti. Estás dejando de contribuir con el logro de una vida trascendental.

¿Qué piensas de esto?

Giorgio Saturno

24 de abril de 2009

De que se puede se puede


Entonces ella me dijo: - ¿Y eso se puede?

Y yo le respondí, con un tono de voz sereno y confiado: - Claro, todo se puede; y continué: - Bueno, todo lo que se puede se puede, y eso se puede.

Hice una pausa para contemplar su cara de asombro e incredulidad ante tan sabias palabras y proseguí, porque pocas veces uno se encuentra con alguien que esté dispuesto a escucharte con tanta atención:

- Es decir, todo lo que se puede se puede, menos lo que no se puede. Y casi todo lo que no se puede, de alguna forma se puede. A menos que no se pueda, entonces sería inevitable, siempre y cuando no lo puedas evitar. Pero, lamentablemente, en la mayoría de las ocasiones es evitable, entonces, incluso cuando es inevitable pero se puede evitar, también se puede. ¿Me explico?

En ese instante, puedo decir, estaba en mi mejor momento. Las palabras fluían desde mi cerebro hasta mis cuerdas vocales como el agua en una tubería que no está tapada ni mucho menos, y salían con una armonía pocas veces vista y, más aún, escuchada. Ella, con la vista fija en lo que yo decía, parecía la estudiante de una clase magistral, de esas en las que uno poco entiende pero sabe que lo que se intenta enseñar es de una importancia trascendental, y no es posible apartar el oído.

- Las únicas cosas que no se pueden son las que inevitablemente no se pueden y de ninguna manera lo puedes evitar. Como cuando viene un tren y tú estás en las mismas vías que él; es inevitable a menos que lo evites, pero a veces ni siquiera lo puedes evitar y sucede lo inevitable. Entonces, en ese caso, o no se puede o no vas a poder más porque no lo pudiste evitar. Es un ejemplo sencillo pero, a la vez, muy bien ilustrado y me ayuda a concluir.

Hábilmente había sabido llevar la conversación hasta un punto cumbre desde el cual era necesario descender. Debía llevar su atención hacia el tema que nos ocupaba evitando movimientos bruscos del discurso o pausas innecesarias que pudieran derrumbar su mirada curiosa y asombrada, ya que eso podía haber terminado en un desmayo mental de su parte. Así como cuando subo la montaña pero corriendo y sin querer, y llego arriba sin más aliento que el que dejé en el camino y con un temblor en las piernas que si me detengo me caigo.

- Eso que quieres hacer, obviamente, se puede. Sin duda alguna, a menos que lo dudes. Porque si volvemos al inicio, sin pensarlo, nos podemos dar cuenta de que, incluso si no se pudiera, es inevitable sin posibilidad de evitarlo. Y puedes, así no lo quieras, porque las cosas que son inevitables y se pueden, se pueden sin lugar a dudas.

- ¿Alguna otra pregunta?; le dije.

Giorgio Saturno

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