-Yo conozco la forma correcta de pedir las cosas; pensé. -Siempre me han dicho que para tener lo que yo quiera debo desearlo realmente, y con esta nueva varita será más fácil. Además, ya me leí todos los libros de Harry Potter, algunos hasta dos veces.
La nueva varita mágica es de madera oscura y pulida, tiene un olor parecido al de las almendras, con un toque de eucalipto y otro de naranja, mide casi 30 cm de largo, tiene las ondulaciones naturales de la rama de un árbol e inscripciones talladas en la parte baja, "Wandmaker, Co. MADE IN JAPAN". A pesar del precio preferí comprar una importada para asegurar que fuera de buena calidad. Los japoneses tienen fama de hacer equipos electrónicos muy buenos, seguro son igual de buenos haciendo varitas mágicas.
El vendedor me dijo que si quería grabarle mi nombre debía pagar un recargo y volver para retirarla en una semana, pero yo soy más inteligente que él. Una vez tenga la varita puedo conjurar un hechizo para grabar cualquier nombre, gratis e instantáneo, que tonto este vendedor. –Me la llevo ya mismo, le dije, muchas gracias, es para un regalo.
-¿Quiere papel de regalo?, otra estúpida pregunta que respondí con una sonrisa y me fui.
Para probarla intenté conjurar algo fácil, un Ferrari. -No puedo regalar una varita que no sirve, reflexioné desinteresadamente. Me imaginé conduciendo mi Ferrari rojo por una infinita carretera que bordea el mar, con la brisa fresca y salada golpeando mis lentes oscuros, y el aroma de las olas estrellándose estrepitosamente contra el malecón; y exclamé: -¡Un Ferrari rojo!, mientras hacía un movimiento circular con la varita. Pero nada sucedió. -Que extraño, pensé, es japonesa y realmente quiero un Ferrari... ¿Dónde estará el botón de encendido?
Por supuesto que las varitas mágicas no necesitan botón de encendido, ya lo sabía. Sólo la persona que será su verdadera dueña tiene el poder para obtener lo que quiera de esta varita. -Tendré que ahorrar un poco más y comprar una para mí.
-No obstante, volveré a intentarlo mientras camino a su casa. Pensando en algo menos ambicioso, cerré los ojos para alcanzar una mayor concentración, como la de los monjes tibetanos, y volví a exclamar enérgicamente: -¡Una casa en la playa!, ¡un avión!, ¡un árbol de billetes!; nada sucedió. Y seguí: -¡Una rosa!, ¡un palacio!, ¡una estrella!, ¡un mundo paralelo!, ¡una historia sin fin!... ¡una nube!. Abrí los ojos, -¡UNA NUBE... SÍ FUNCIONA!
-Toma, esta varita mágica es un regalo para ti...
Giorgio
7 comentarios:
Qué bueno, ojalá yo tuviera una nube. Un abrazo.
Sos lo máxomo...
volví, un beso enorme para vos
Una nube, que mas podriamos pedir! Quizas a ella si le sirva, es japonesa no? Me enacnto tu post. Mil besos!
También quiero una varita..ire donde los japoneses a comprarme una. Los chinos también las harán?
hola, gracias por pasar por kilometro!! :D a mi tambien me gusta que jode Lilly Allen!! Pasate por mi otro blog, si puedes... el tuyo esta muy fino, espero mantener el contacto!
Debo confesar que me han conquistado tus comentarios. Que interesante y que bonito eso de los poemas del lmon... gracioso, ademas! :D Te agrego a mis blogs... si quieres me agregas, vale? oye: ademas que mis limones ombinan con tu fondo de blog... funny!! :D abrazos!!
jejeje, gracias! :D Cosas que pasan en los certamenes, supongo...
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