1 de diciembre de 2006

Ideas para un premio Nobel

Enrredadera EnrredadaHe estado pensando, entre muchas otras cosas trascendentales, que el fin de semana tiene muy pocos días y que las noches tienen muy pocas horas, y que no estaría mal agregar un día adicional al fin de semana y un par de horas más a la noche.

Seguramente, quien lea esto dirá: - Este tipo si es inteligente; cómo no se me había ocurrido eso antes!. Pero quien haga tal comentario habrá dejado de percatarse de uno o varios detalles importantes. El primero de ellos le resta sentido a la afirmación que ha planteado el lector y resalta la estupidez implícita en mi pensamiento. Me explico; la propuesta de añadir un día adicional a la semana y varias horas a la noche es estúpida si se coloca al lado de dos verdaderos dilemas que deben resolverse a priori: qué nombre ponerle al día adicional y qué hacer con todos los relojes del mundo que sólo marcan doce horas en la noche.

Es la solución de estos dilemas lo que puede convertir una simple idea inicial en una genialidad, y he aquí dos nuevos planteamientos que no hacen más que respaldar la afirmación hecha por el lector acerca de la inteligencia del escritor.

Quien no desee leer mis razonamientos por miedo a sesgar el proceso creativo propio, puede detener la lectura en este punto. Serán siempre bienvenidas soluciones alternativas a las que yo estoy por proponer.

Con respecto al asunto sobre el nombre para el día adicional, he seguido una línea de pensamiento que me ha llevado a un final inesperado.

Es de conocimiento general que todas las semanas tienen siete días continuos contados desde el primero hasta el séptimo día, conocidos como lunes y domingo respectivamente. A menos que se decida que el domingo es el primer día de la semana, en cuyo caso el problema se complicaría en tal magnitud que sería imposible resolverlo, partiremos del supuesto de que todas las semanas comienzan los días lunes.

Los nombres de los días de la semana provienen de siete objetos celestiales que se mueven en el cielo: Lunes por Luna, Martes por Marte, Miércoles por Mercurio, Jueves por Júpiter, Viernes por Venus, Sábado por Saturno y Domingo por el Sol. Por consiguiente, un tercer día para el fin de semana debería respetar estos antecedentes y obtener su nombre de algún otro objeto celestial; como por ejemplo Urano y llamarse, por razones obvias, Uranes, Uringo o Urábado.

Resuelto el primer dilema, queda el tema de los relojes. Este segundo gran dilema me ha exigido algo más de tiempo y esfuerzo mental que el primero. Sin embargo, la solución ha llegado a mi, sin yo buscarla, un día en el que mi reloj de bolsillo se detuvo justo a las cuatro de la tarde. Dicho esto, me imagino que el lector ya conocerá el desenlace. Deberá ser responsabilidad de cada quien retrasar su reloj dos horas todos los días a las seis de la tarde, si no, dormirán menos quienes no lo hagan que aquellos que sí lo hagan. Estoy seguro de que los suizos o los japoneses encontrarán un mecanismo moderno para automatizar esta actividad que resultará ser tanto cotidiana como rutinaria.

Ahora es tarea de la humanidad llevar estas iniciativas a los organismos elevados con el fin de dar inicio a una nueva etapa en la historia contemporánea del mundo. Una etapa de cambios en los viejos paradigmas y de mejores y más provechosos estilos de vida.

Y es así como me despido, no sin antes invitar a todo el que quiera adquirir conocimientos innovadores a visitar nuevamente este blog. En próximas entregas se profundizará en algunas ideas que ya rondan mi cabeza, entre ellas, cerrar las fronteras de la ciudad en temporadas altas, una vez que la gente haya salido a vacacionar, para disminuir el tráfico en temporadas bajas.

Giorgio

1 comentario:

Luis Carlos Dominguez dijo...

Buenas ideas solo necesitamos los entes para ejecutar y lograr cambiospositivos en el mundo, gracias por compartir esto con tus bloggers

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